Parásitos

Grandes películas que nos legó 2020

Jue, 01/14/2021

El agua no está para chocolate ni el horno para pasteles, pero si el verdadero alcance de una civilización se mide por el arte que pudo entregar, deberíamos estar satisfechos con la excelencia de las películas que vimos el año pasado, a juzgar por la selección anual de la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica (ACPC). A pesar de que las salas cinematográficas funcionaron solo durante cinco meses, pudimos acceder a una parte de lo mejor producido en el mundo, sobre todo en el período 2018-2019.

Los críticos cubanos también cedimos, en masa, al sortilegio del filme coreano Parásitos, colocado en el tope de la lista sobre lo mejor visto en Cuba a solo unos meses de ganar la Palma de Oro en el Festival de Cannes y de vencer el chovinismo del Oscar y ganar cuatro estatuillas (entre otras la de mejor filme) para inmenso desagrado de Donald Trump. Luego de la consagración mundial de su película, muchos espectadores se inclinaron a mirar con otros ojos el cine coreano, y además reconsideraron los méritos de otras obras del mismo autor, como las fantasías nada inocentes que son El Huésped y Okja.

Realizada, al menos aparentemente, en un solo plano secuencia, sin cortes visibles, el filme épico británico 1917 ocupó el segundo lugar. El director Sam Mendes (Belleza americana) aporta un impresionante retrato de la Primera Guerra Mundial, inspirado en las vivencias de su abuelo. Y el cineasta se nota mucho más entusiasmado con la hazaña técnica que con el necesario realismo, irrefutable y honesto, y así queda la película, aparatosa y gélida. No obstante, nadie discute, mucho menos yo, que estamos ante una propuesta impresionante, de extraordinario mérito, una crónica que al menos se niega a la visión nostálgica y falsificadora.

Con Los dos Papas, la coproducción británico-italiana que ocupó el tercer escaño, el brasileño Fernando Meirelles quiso lograr un reflejo tan auténtico y verista como el que evidencia la ya clásica Ciudad de Dios. Contaba con dos actores geniales, Anthony Hopkins y Jonathan Pryce, a los que haya y convence de interpretar a personajes reales (los pontífices Benedicto y Francisco), quienes polemizan fraternalmente sobre diferentes maneras de vivenciar la fe y la religión, aunque en el fondo se está hablando, sobre todo, de la contradicción entre dogma, ortodoxia y posturas más flexibles e inclusivas. Entretenidísima y hasta graciosa resulta esta película que puede ser gratificante para creyentes y ateos.

Lo mejor del cine norteamericano ocupó en la lista que estamos describiendo los puestos cuarto, quinto, sexto y décimo mediante la nueva deconstrucción de la masculinidad criminal que es El irlandés (Martin Scorsese), la nostalgia con sello de prestigio en Érase una vez en Hollywood (Quentin Tarantino), la violenta y desarrapada Joker (Todd Phillips) y la medianía intimista de Historia de un matrimonio (Noah Baumbach), que si hubiera dependido solamente de mí jamás hubiera quedado entre las excelencias, porque está claro que tampoco nos referimos a una selección de películas correctas y amables, que de esas hay muchas.

Y si sorprende la presencia de un filme coreano en la nómina, también maravilla la inserción, con toda justicia, de la colombiana Pájaros de verano, en el séptimo escalón. Aunque se reitere que el narcotráfico y la violencia se han convertido en tópicos inherentes al cine de aquel país, los codirectores Ciro Guerra y Cristina Gallego supieron conferirles un tratamiento etnográfico, incluso metafórico, a las temáticas habituales. El filme explica, sin aburridos predicamentos, el poder desintegrador de la guerra fratricida y su demoledor efecto sobre las tradiciones y la cultura de los pueblos originarios.

El español Alejandro Amenábar (Los otrosMar adentro) regresó al centro del mejor cine nacional con Mientras dure la guerra, un drama histórico-biográfico, incluido detrás de Pájaros de verano, y que presenta posiciones extremas al inicio de la Guerra Civil Española. Con memorables actuaciones de Karra Elejalde y Eduard Fernández, cuyos personajes representan las posiciones enfrentadas que mencionamos antes, Mientras dure… reflexiona sobre el ineludible papel político que ha de asumir la inteligencia y sobre las posibles relaciones, o conflictos, entre los intelectuales y el poder.

Finalmente, el número nueve lo ocupó una de las películas más premiadas y elogiadas de 2018, Un asunto de familia, del maestro japonés Hirokazu Koreeda, quien se sintió tan fascinado por esta historia que decidió convertirla en novela y ya se vende como pan caliente en muchos países. Se trata de una familia de ladronzuelos y miserables (similar a la de Parásitos, pero con un diseño ético más humanista y generoso), todos ellos redimidos por la adopción casi involuntaria de una niña abusada. Aunque suene a melodrama mexicano estilo Gotita de gente, Koreeda nos ahorra la truculencia sentimentalista o la extrema acentuación del sufrimiento, para entregarnos personajes hermosos y complejos, realmente conmovedores.

Quiero confesar a mis lectores, por elemental respeto a la verdad, que coincidí con nueve de los diez títulos elegidos por mis colegas, pero preferí la coproducción hispano-británica El hombre que mató a Don Quijote, de Terry Gilliam, en lugar de Historia de un matrimonio, porque la primera me parece simplemente más arriesgada, singular y artística. Se trata de una libérrima y atractiva adaptación del clásico texto cervantino, un proyecto que padeció todo tipo de incomprensiones y desgracias, hasta el punto de que en su narratividad y visualidad se confunden los mitos del ingenioso hidalgo, en la lucha contra los molinos de viento, y la anécdota de un cineasta que perseveró más allá de lo racional para llegar a realizar el filme que soñaba.

En la categoría de mejor documental estrenado en 2020 quedó el francés Varda por Agnès, la última obra de la papisa de la nueva ola francesa Agnès Varda, realizadora de 50 filmes entre documentales, ficciones y cortos, a lo largo de 65 años de carrera. Varda por Agnès se inicia con la siguiente declaración de principios: "Hay tres cosas que son realmente importantes para mí: inspiración, creatividad y capacidad de compartir", así lo expresa la creadora siempre inconforme, plena de energía, que falleció un mes después de que este audiovisual autobiográfico se estrenara en el Festival de Berlín.

Brilla por su ausencia el cine cubano en la selección. La superproducción El Mayor iba a estrenarse justo en el momento en que arreció la pandemia, y todo se pospuso para varios meses después. En el primer tercio de este año seguramente se podrá ver en la capital, porque ya se exhibió en Camagüey, y dentro de unos días el Icaic propone Agosto, otro largometraje de ficción, de tema más contemporáneo (la crisis de los balseros de los años 90), de modo que para el final de 2021 habrá por lo menos dos títulos a considerar. Porque lo importante es tener opciones para elegir.

Y quizá también lleguen a la pantalla algunas de las producciones nacionales cuya posproducción fue apoyada por el Fondo de Fomento recientemente implementado por el Icaic para estimular, desde la calidad, la creación de nuevas películas producidas en régimen independiente o institucional. La pandemia y sus daños colaterales sumergen en la incertidumbre la relación de los proyectos que podrán llegar a la pantalla. Habrá que esperar para ver lo que ocurre con el cine cubano a lo largo de 2021.

(Tomado de Juventud Rebelde, 10 de enero de 2021)